Bueno, esta es mi página.

Los consensos sociales indican  que tengo que presentarme y contarles medianamente quién soy, mi recorrido profesional, mi formación;  pero no, permítanme tomar otro camino. Todo eso anda por ahí, en la web. Prefiero contarles algo en relación a mi vocación.

Gervasio Diaz CastelliMi abuela era húngara; en la década del 30 aterrizó con su familia  en Argentina en busca de una vida mejor. Su infancia fue la guerra y todo el desastre que se vivió por esas latitudes en las primeras décadas del siglo XX. Durante toda mi niñez, esa abuela tierna y silenciosa -esa abuela del alma- me contaba sus vivencias; sus narraciones eran de una riqueza descriptiva y emotiva superlativas, sin duda que si mi abuela, que se llamaba Irene, se hubiera dedicado a escribir…hubiese sido brillante. Los relatos tenían un profundo dramatismo  y por cierto, la mayoría de ellos, estaban teñidos de un altísimo contenido traumático. También había recuerdos muy lindos; de ella y su familia en las campiñas de Hungría en esos crudos y salvajes inviernos, disfrutando de la naturaleza, de hacer quesos, de una vida  de campo y sabiduría.

Todo aquello  se había grabado en su memoria con gran precisión y con una enorme paleta de emociones. No había en ella queja, odio o victimización; sólo contaba su vida, disfrutaba de contar una y otra vez, durante décadas, lo ocurrido en esos primeros 20 años de su vida (somos nuestra historia y lo que esa historia imprimió en nosotros, por sobre todo en la infancia),  esta era su manera de resolver e ir diluyendo lo traumático. Yo escuchaba ya desde muy chico esos relatos;  los imaginaba y les acoplaba el fantasear propio de la mente infantil, y preguntaba mucho, y repreguntaba sobre detalles de cada situación. Me interesaba profundamente  lo que ella sentía o había sentido en esos momentos, mi curiosidad era sobre sus emociones y sentimientos en aquellos momentos. Pero  -por sobre todo- escuchaba y “vivía con el otro lo del otro” ,y me sentía protagonista de esas historias. Trataba de imaginarme yo en esas situaciones, quería entender; quería llegar hasta el final de los relatos; “pero y vos qué sentías en ese momento, abuela” y “por qué tu papá…” tal o cuál cosa, o  “¿y vos cuántos años tenías ahí abuela?”. Con una   apasionada curiosidad infantil yo escuchaba y preguntaba…y escuchaba.

Siendo muy niño,  entendía que a mi abuela le hacía bien hablar de eso, y a mí me gustaba la “frecuencia mental” en la que me ponía esa situación de dos. Durante 30 años escuché  los mismos relatos y siempre seguí siendo ese niño fascinado e interesado por sus historias (que son mi historia);  que son la historia de todos y cada uno de nosotros, cambian los telones, pero las escenas, con mayor o menor intensidad, son siempre las mismas.

Cierta vez, escuchando a un consultante, sentí algo muy profundo, a nivel óseo digamos: mi vocación de psicólogo  venía de allí. Escuchando a ese paciente, de repente, me sentí ese niño de 7 años, apasionado y tratando de entender a ese otro.  Después vinieron los demás;  familia, colegas y tanta gente que directa o indirectamente “son parte” de lo que soy. ¿Y quién soy? Un profesional que concibe a la psicología como una práctica, casi artesanal digamos,  entre un consultante y un psicólogo con un objetivo común: llegar a ciertas verdades  y descubrir aquello que nos gobierna y limita la vida.Una práctica que tiene que aportar herramientas concretas para que la gente viva mejor. Simplemente eso. Los seres humanos somos muy complejos y contradictorios. La tarea, de alguna manera, es aprender a simplificar el asunto para pasarla lo mejor que se pueda pese a los dolores y los estados de ánimo propios de la vida.

En una terapia el trabajo es de a dos, la idea es ir construyendo un camino hacia una vida más libre, con menos rigidez y que cada día nos importe menos lo que los demás piensen sobre nosotros. Somos una lucha de fuerzas, una parte sana lucha contra la enferma. De eso se trata una terapia: de que gane terreno la parte sana. Esta página es mi forma de hacer teoría de la práctica. Todo lo subido aquí es el producto de lo que escucho de  mis queridos pacientes día tras día.  Es a ellos a quienes  me debo  como profesional; ellos con sus padecimientos, sus enojos o cuestionamientos, son los que me hacen crecer en esta profesión que tanto quiero. Espero disfruten los contenidos de esta web, está pensada para que les aporte algo a su capacidad de pensarse a sí mismos.