Corría el año 2004. Un querido paciente, luego de dos años de tratamiento, decide irse a vivir a Alemania gracias a una posibilidad en el territorio de lo laboral. En la última sesión, en donde habíamos acordado hacer un balance del trabajo, me propone: “¿Y si seguimos trabajando por videollamada?”.

sesiones por video llamadaYo en aquellos años, no me llevaba muy bien con la tecnología, con la computadora. La usaba, pero no había explotado aún sus posibilidades. Me explicó un par de cosas y a las pocas semanas estaba haciendo mi primera sesión en esa modalidad; ¿resultado? Todo funcionó, pudimos seguir trabajando sin problemas por mucho tiempo.Era claro, el vínculo estaba sólido ya, existía, el pasaje a “lo virtual” era previo al cara a cara. Pasaron los años.

Un día me mandó un mail un argentino que vivía en Francia, me escribía de parte de aquel paciente. Me dijo que quería tratarse conmigo, pero que él venía a Argentina una vez al año. Mi duda era arrancar un tratamiento sin haber pasado por el “cara a cara”. Pero bueno, la vida es el arte de lo posible -me dije- y esa persona estaba en medio de una gran crisis, con mucha angustia y ya estaba con su confianza depositada en mí por la recomendación. Arrancamos, nos pusimos objetivos. La cosa funcionó, faltaba algo, eso era claro, pero se pudo trabajar pese a las limitaciones de ese encuadre.

sesiones por skypeDesde aquella época uso esta herramienta para tratar a gente que vive lejos y elije transitar una parte del camino conmigo. Siempre trato de empujar para que la persona, aunque sea, pueda tener alguna sesión en presencia. Casi siempre se da, ya sea porque la persona viaja o porque yo, hago coincidir mis destinos con lugares cercanos a donde están ellos.

He armado sesiones en Península Valdés, caminando por la costa frente a las ballenas; en Chile, en la costa Argentina y en algún pueblo perdido del viejo continente…porque la vida, amigos…es saber hacer las cosas con las correspondientes limitaciones.